A veces, cuando recoger los
residuos de la vida de los demás se convierte en un consuelo invalorable o
cuando se espera la cárcel con la misma tranquilidad con la que se afronta un
mal día de trabajo, es cuando el impulso creativo se hace más potente, más
difícil de esconder, más difícil de postergar. “Esto no es una película”
explora todos los rincones del último refugio para la creatividad de Jafal
Panahi en su arresto domiciliario, prohibido de filmar y escribir guiones, viendo
el mundo a través de una pequeña ventana, acusado de tener en preparación una
película contra el régimen iraní.
Yo creo en los estímulos emotivos
y vivenciales como elementos poderosos para encontrar recursos creativos, para
poder idear estrategias de producción que de otra manera no podrían siquiera
advertirse. En este caso, la necesidad de referir que al menos se sueña con una
película y el hecho de que las ideas no tengan barreras para nacer en la mente
aunque las manos no tengan herramientas son las que llevan a Jafar a
presentarse entre cuatro paredes hablando de todas las aristas que tendría la obra
que parecerá real solo con la fuerza de la imaginación.
Esta danza con el fantasma de una
película exige al espectador que participe de la construcción, que vea más allá
de lo que Jafar puede mostrarle, que les ponga un rostro y una voz a los
personajes, que encuentre paredes y escaleras en trozos de cinta adhesiva y ventanas
en el respaldar de una silla, que sea parte del juego, parte del acto de
imaginar el mundo.
El contexto de
la realidad de Jafar está representado por las llamadas de su familia y sus
abogados, por los medios de comunicación, por las explosiones y las luces de
las celebraciones del Novruz, por el cariño de la traviesa iguana Igi. Los
elementos de la realidad otorgan una configuración especial para desplegar lo
que quiere que descubramos, lo que nosotros pondremos y nos llevaremos.
Imaginemos la cuerda donde una persona encontrará el último refugio, la
habitación donde se recibe una llamada, imaginemos qué podrían representan las
llamas cuyo resplandor se hace gigante detrás de la puerta que debe permanecer
cerrada: él no debe ser visto con una cámara. El artista no debe ser visto con
su instrumento. No puede materializar, no puede realizar. Solo queda trazar y
señalar. Más que un director, Panahi se convierte en un guía, en un líder.
Marca el camino que los demás vamos a seguir.
Jafar afronta el encierro con una
sonrisa, con una aparente tranquilidad. Recibe llamadas en las que le anuncian
que irá a la cárcel, que ni siquiera se quedará en ese espacio tan personal del
propio hogar, sin que siquiera asome una mueca sardónica a su rostro; pero,
debajo de esa calma, uno puede sentir la angustia provocada por recorrer con
los ojos las mismas paredes, por encontrarse con las mismas imágenes tras la
ventana, el desconsuelo de no poder estar en las calles de su ciudad; las malditas
ganas de saltar más allá de los muros, de remontar el aire. Extenderse por
encima de los límites lo ha llevado a descubrir todas las posibilidades de la
imaginación, utilizando como recurso para liberarse la propia angustia, el
propio dolor.
La encuentran aquí: http://putlockerit.com/play.php?movie=tt1667905
No hay comentarios:
Publicar un comentario