«Don't go on the patio.
Beware of the pool, blue bottomless pool.
It leads you straight right throught the gate
that opens on the pool».
The B-52’s “Private Idaho”
Todos los elementos para la construcción de Tarnation apuntan a un
gran objetivo: El viaje hacia el centro del universo, o mejor dicho, el
infierno personal de Jonathan Caouette. En este documental, viaje de
internamiento y reconstrucción, el autor es capaz de transmitir toda la crudeza, toda la amargura,
todo el contenido de los más sórdidos rincones de su alma; apoyándose, desde mi
punto de vista, en dos factores muy relacionados entre sí: La ética post-punk
del "Do it yourself" y “la poética del Yo”.
En una entrevista, el pintor
español José Alfonso Morera Ortiz, conocido como “El Hortelano”, manifestó que «si
realmente eres artista, lo más importante en el arte es tener un mundo interior
propio (…) para el artista que tiene que expresar un mundo, lo menos importante
es la técnica, lo importante es tener el corazón abierto para expresar el mundo
de una manera que solamente puedes hacer tú»[1].
Esta ética de trabajo es una de las primeras cosas que puede advertirse en el
documental. Este trabajo está construido sobre la base de diversas calidades de
video, las cuales, en ocasiones, se superponen violentamente. Caouette ha
organizado sobre la marcha su propio sistema de edición y desarrollo de la
historia, encuadrándose, de esta forma, en la práctica del “Do it yourself”, la
cual suele relacionarse con el movimiento punk. Sin embargo, la forma de asumir
esta ética por parte de Caouette es mucho más cercana al post punk, con la
etérea complejidad de sus emociones, con su sensibilidad experimentalista, y
con el tenebroso ambiente de degradación y marginalidad en la que el
autor-protagonista se sumerge. No es en vano que sus incursiones en el cine
underground se produzcan a partir de sus salidas a un club new wave, etapa que,
en el documental, es narrada teniendo como fondo la doliente música de Cocteau
Twins; ni que manifieste en algún momento encontrarse en su “Idaho privado”,
clara alusión a un tema de la banda new wave The B-52’s que habla de amenazantes
piscinas sin fondo y de caminos que es mejor no recorrer. Las inserciones de
escenas correspondientes a estos trabajos fílmicos de la adolescencia permiten
observar que muchas de sus características permanecen en el documental como
parte de la “poética visual” del autor: la estética fragmentada, las imágenes
grotescas e impactantes, las mórbidas tinieblas de sus ambientes.
Otro aspecto importante que se
debe tener en cuenta al hablar de Tarnation es el de la “poética del Yo”. El
documental se centra en el universo personal de Caouette, la historia de su
familia, la enfermedad mental de su madre; las múltiples dificultades que
encontró el mismo Jonathan a lo largo de su vida, los abusos, las vejaciones,
el trastorno de despersonalización, la pérdida de la capacidad de concentración
que sufre como producto de un “mal viaje” con las drogas sintéticas; la
angustia, de la que puede dar cuenta, incluso aquella escena en que, a los once
años, asume el papel de una mujer maltratada que se ve en la necesidad de
asesinar a su marido, perturbadora por su intensidad y coherencia; las
incursiones adolescentes en el punk y el cine underground, circunstancias que
serían determinantes en la reconstrucción personal de Jonathan en su etapa
adulta; el reencuentro con su padre,
ausente durante los momentos más duros de la vida y, finalmente, la afirmación
sobre su propio suelo, cuidando de su abuelo, sus padres y su pareja. Esta
trayectoria está documentada con una honestidad brutal y poderosa, con una
autoafirmación en todas las aristas de su universo interior: la homosexualidad,
las fantasías autodestructivas, la batalla contra las drogas, el dolor, la
sensación de que su vida no tiene otro camino más que la ruina. Había apuntado
alguna vez que la potencia de esta “poética del Yo” es directamente
proporcional a la riqueza de cada mundo interior[2],
pues bien, en este caso, se trata de un triunfo magistral dentro de esta
corriente. Todas las dimensiones de la riqueza de esta historia son
aprovechadas para conformar una obra original, auténtica y ambiciosa (y en esta
palabra, creo que se resalta la principal característica de Caouette como
creador: la ambición), digna de los mejores narradores norteamericanos.
El documental es una fuente de
inspiración para los creadores que quieren explorar la marginalidad y la
degradación, pero también la resiliencia y la valentía del ser humano. Es una
inspiración para quienes necesitan internarse en los más oníricos rincones de
la mente y las emociones, pero no con afanes de autoindulgencia onanista,
sino para poder abarcar el mundo interior de un ser humano en toda su
complejidad. Es importante notar, además, que uno de los aspectos centrales de
la reconstrucción personal de Jonathan como personaje es este afán de buscar
las respuestas en su historia personal. En alguna escena puede observarse la
confrontación entre esta actitud del autor-protagonista y la de su madre, que
quisiera olvidar el pasado, dejarlo atrás, para terminar arrastrando la ominosa
carga de recuerdos, remordimientos y frustraciones que la llevaron a la
sobredosis de litio, detonante de esta historia. Más allá de eso, es una obra
maestra. Es imposible sentarse ante esta filmación sin sentir el desasosiego, el
temor y el dolor que transmite Jonathan Caouette. Es imposible permanecer
indiferente ante las escenas que se van desarrollando. Tarnation
abrasa, abraza, envuelve y destruye. Es una caótica cascada de imágenes que,
sin embargo, conforman una sola corriente, un solo alud entre las montañas. El
espectador no puede dejar de sentirse turbado ante la potencia de la historia,
no puede evitar abandonarse a la locura, al descontrol, a perderse dentro del
caleidoscopio gótico-etéreo de la obra que se desarrolla ante sus ojos y que
desborda los límites de lo comprensible. Este espectador no será el mismo ser
humano después de esta experiencia visual.
Pueden verlo aquí:
http://palabradepezabisal.blogspot.pe/2013/11/tarnation-jonathan-caouette-2004.html